En aquella sala de espera había otras personas, pero Gio no les prestó atención. la sala tenía varias , cada tanto se habrían y salía una enfermera, que sosteniendo un papel en la mano decía un nombre en voz alta, seguidamente alguien se levantaba, después desaparecía detrás de la puerta junto con la enfermera.
Cuando Gio miraba hacia una ventana que había a su derecha, vio como se asomaba repentinamente la cabeza de una niña pequeña. La niña lo miró y le sacó la lengua, Gio hizo lo mismo. Después la cabeza de la niña comenzó a hacer morisquetas, contorsionando horriblemente la cara. Gio se asustó y se aferró del brazo de su madre. - ¿Que te pasa, que estás mirando? - le preguntó su madre. - Ahí afuera, en la ventana, hay una niña fea haciendo caras - le respondió Gio.
Su madre lo alzó en sus brazos y lo arrimó al vidrio de la ventana, para que pudiera ver hacia abajo, estaban en un cuarto piso. Afuera ya estaba oscuro, en la calle, allá abajo, se veía las luces de los autos. - Viste lo alto que estamos, la gente no puede asomarse en esta ventana - dijo la Madre de Gio. Regresó a la silla en donde estaba y sentó a Gio en su regazo, de espaldas a la ventana.
Aquel hombre que estaba frente a Gio, el que se restregaba las manos de forma nerviosa, había escuchado lo que el niño había dicho y le pareció algo curioso. Al mirar hacia la ventana, se llevó la sorpresa de ver también a la cabeza de la niña, que ahora lo miraba a el. La niña arrugaba y hundía el rostro como si fuera un balón desinflado. El hombre se levantó y retrocedió hasta la puerta de salida, sin dejar de mirar hacia la ventana en donde se asomaba aquella aparición.
Cuando le llegó su turno, Gio ingresó al consultorio del psicólogo acompañado de su madre, la cual después de presentarse, le explicó al doctor que su hijo sufría de alucinaciones.
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